Llegando a la luna

Texto: Delmar Deur
Ilustración: Marisol Quesadas

En muchas otras ocasiones Sunny visitó el parque acompañada de su abuelo, al que de cariño llama Papá Jorge, pero esa noche fue distinta a cualquiera en sus cinco años de vida, la primera vez que pudo observar una luna llena.

De inmediato supo lo que quería hacer, llegar a la luna. Pasó todo el camino de regreso a casa platicándole a su abuelo sus planes para conseguirlo. A la mañana siguiente Papá Jorge le dio algunas hojas blancas y un lápiz para que anote sus ideas. El primer plan fue construir una nave espacial de cartón.

Juntos fabricaron la nave con algunas cajas de cartón y pegamento, solo faltaba un casco, pero una olla de la cocina fue la solución. Todo estaba listo para despegar, Sunny apretó el botón, pero la nave no encendió.

“Quizá no tenía suficiente combustible la nave Sunny, intentemos algo diferente”, dijo su abuelo.

Sacó su mano por la ventana y la estiró al máximo, pero no fue suficiente para poder tocarla.

“Si comes todas tus verduras crecerás fuerte y dentro de unos años podrás alcanzarla desde tu ventana, por ahora tenemos que pensar en otro plan”, dijo Papá Jorge.

Tampoco funcionó hacer una montaña con sus juguetes, la luna aún se encontraba a demasiada distancia.

En un momento de descuido de Papá Jorge, Sunny salió al jardín y trepó por un pequeño árbol, desafortunadamente sus ramas no soportaron tanto peso y ella terminó en el suelo.

Sunny estaba afligida, con algunos golpes en los brazos y piernas, además su abuelo se molestó con ella porque subir al árbol fue muy peligroso. Sunny se rindió y decidió no seguir intentando llegar a la luna.

Él le pidió que no estuviese triste, pues aún había una forma de llegar a la luna, con magia.

Buscó en un cajón y encontró una tijera, algunas hojas de papel y una bolita de estambre. Tomó una hoja, recortó un círculo y le pidió a Sunny que dibujara en él a la luna más hermosa. En las orillas de la luna podían apreciarse pequeños cráteres, realmente era bella.

Inmediatamente dio la vuelta al círculo y le pidió que ahora se dibuje a sí misma, tal como se encontraba vestida en ese momento.

“No olvides dibujarle una enorme sonrisa Sunny”, mencionó, mientras ella sonreía y copiaba cada detalle de su ropa.

Luego, con mucho cuidado, Papá Jorge hizo un pequeño agujero en los dos extremos del círculo de papel y les amarró un pedazo de estambre.

Sunny, la mayor belleza puedes encontrarla incluso en el objeto o ser de menor tamaño, se llama maravilla giratoria”, dijo, al momento que le entregó a su nieta un pedazo de estambre en cada mano, pidiéndole que los jalara suavemente hacia los lados.

El círculo de papel comenzó a girar y los dibujos de ambos lados se convirtieron en uno solo, ella aparecía parada sobre la luna, con sus zapatos muy cerca de los pequeños cráteres lunares y con una enorme sonrisa dibujada en el rostro, aunque francamente, la Sunny de carne y hueso sonreía aún más que la de dibujo.

Esa noche Sunny aprendió que un lápiz y un pedazo de papel sirven para comenzar a cumplir un sueño.

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