La metamorfosis – Consecuencias del Covid-19

Ernesto Guerra de la Peña                                                                                                                                                                     Politólogo. Estudiante de la Maestría en Comunicación Política y Marketing Electoral                             

ernesto.guerramx@gmail.com / @ernestoguerramx

Me despertó una llamada de mamá a las seis de la mañana. Antes de saludarla, agitado, le pregunté ¿Todos están bien?

Lo que antes pudo ser tomado como una simple llamada cotidiana, hoy se puede convertir en una verdadera pesadilla. Si algo nos ha dejado esta pandemia es que constantemente nos sintamos en estado de pánico o angustia.

Nos enfrentamos al terror de recibir una noticia en la que se nos informe que algún ser querido ha resultado contagiado, que se encuentra grave o, peor aún, que haya fallecido.

En la actualidad, es común ver, por medio de las redes sociales, las publicaciones de conocidos que lamentan la pérdida de un ser querido a causa del Covid-19.

En la novela “La Metamorfosis”, el escritor Franz Kafka nos cuenta la fantástica historia de un hombre comerciante de telas el cual, después de un sueño intranquilo, amanece convertido en un enorme escarabajo. Su aspecto físico lo obliga a encerrarse en su cuarto, pierde su empleo y se enfrenta a una situación desconocida para él: la soledad del confinamiento.

El término kafkiano, que según la RAE significa: dicho en situación de absurda o angustiosa, hace mucha similitud al momento que vivimos ahora. Al igual que el personaje de “La metamorfosis”, de un momento a otro, amanecimos con una realidad distorsionada de lo que conocíamos. Nos aislamos de nuestros seres queridos, cambiamos nuestra manera de relacionarnos y, algunos, comenzamos trabajar ahora a través de la pantalla de un dispositivo.

No todos corrieron con la misma suerte. Más de 15 millones de personas en México perdieron sus empleos desde que se inició la pandemia. Según el último reporte del Inegi, en uno de cada tres hogares un miembro de la familia perdió su trabajo y en el 65% de las casas hubo una pérdida de ingresos.

El Coneval señala que el porcentaje de población que se encontraba en pobreza laboral pasó de 35.7% en el primer trimestre del 2020 a 54.9% en mayo pasado (Diario de Yucatán, 29/07/2020).

En medio de la angustia de esta larga cuarentena que no parece tener un fin próximo, aún existen quienes siguen creyendo en las teorías de conspiración, queriendo buscar un culpable. Una de ellas es: que el virus se creó con el objetivo de reconfigurar la población mundial. En Chiapas, un grupo de más de mil quinientos indígenas se manifestó y exigió al gobierno que pararan las jornadas de sanitización. Según ellos, alguien les dijo que el Covid-19 fue creado por el multimillonario Bill Gates, con la finalidad de asesinar a las personas de la tercera edad y a los enfermos.

También existen quienes se han negado a tomarse la temperatura en los supermercados o establecimientos alegando que estos termómetros pueden causar pérdida de memoria o un daño cerebral irreversible. Detrás de las teorías conspirativas existen personas que se han aprovechado de la ignorancia para promover estos rumores a través de la difusión de noticias falsas.

Si alguien había advertido del poder que tienen los medios informativos para manipular a la sociedad fue el filósofo existencialista francés Jean-Paul Sartre. En su obra Nekrassov, comedia escrita en 1955, pero tan vigente en la actualidad, cuenta que, en plena Guerra Fría, un periódico conservador de París, que estaba a punto de quebrar, se dedicó a promover noticias falsas con el objetivo acaparar más lectores para lograr subsistir.

Hoy, muchas personas utilizan las redes sociales para crear noticias falsas con la finalidad de generar audiencias que generen clics que se conviertan en dinero.

En esta pandemia hemos sido testigos de la transformación de lo mejor y de lo peor del ser humano. De personas que han utilizado estos momentos para aportar algo la sociedad y quienes se han encaminado a hacer el mal. Aquellos que utilizan su tiempo para terminar un buen libro, o descubrir algún talento, y quienes se han dedicado a sacar su enojo y frustración por medio de las redes sociales.

Queridos lectoras y lectores, si no hemos aprendido nada durante esta cuarentena, que no nos sorprenda que, después de un sueño intranquilo, amanezcamos convertidos en un enorme escarabajo.— Mérida, Yucatán. (Publicado en Diario de Yucatán)

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