«Historia de un Final…Historia de un Comienzo» – Por Martín Romero.

Lic. Desarrollo y Gestión Interculturales 
UNAM Universidad Nacional Autónoma de México
Dicen que todo comienzo tiene un final, o que para vivir hay que morir, inclusive he escuchado que hay quienes digan que morir es una necesidad para encarar un nuevo comienzo…
Esta es la historia de un final, la historia de un nuevo comienzo, y el recuento de quien soy en tiempo presente…
Años después de haber nacido Amairani, la última de 3 hijos de Evangelina Hernández Martínez y Martín Idelfonso Romero Pacheco, y en medio del boom apabullante de una ciudad caribeña en acelerado desarrollo, decidieron mudarse a Cancún.
Mi infancia fue maravillosa, siempre el recuerdo de fines de semana en la playa, o acompañando a mi padre a sus partidos de futbol en el Tecnológico de aquella ciudad, o mejor aún, acompañándolo gratis en sus recorridos por la Zona Hotelera, obviamente, privile gios por ser hijo del camionero.
                                                              
¿Y qué me dicen de aquellos mil y un días cuando, una vez sentada toda la familia en la mesa para compartir el desayuno, solían llegar los vendedores de periódico, agua purificada, gaseros, o gente en situación de vulnerabilidad? Enseguida mi padre les invitaba su taco e inclusive los sentaba junto a nosotros a comer, eso fue siempre, el cuento de nunca acabar.
Risueño, alegre, siempre buen bailarín, de agradable plática, amoroso en abundancia con su familia y siempre trabajador…
En poco más de 5 años que vivimos en la utópica Cancún, el recuerdo de mi padre está extrínsecamente relacionado con la alegría de vivir, con la entrega a la familia y con el espíritu de conquista hacia nuevos horizontes.
Recuerdo que llegado el fin de semana por la noche, mi padre y mi madre solían vender hamburguesas y perros calientes en la casa. Tienen ustedes idea de lo divertido que era ver a mi padre preparar con tal alegría sus productos, encendía su modular y bailaba mientras cocinaba…mi madre un tanto mas seria lo miraba de reojo y se chiveaba (jajajajajajajajja), no obstante mi padre la sacaba a bailar, mientras la gente miraba y esperaba su cena. ¡Qué noches!
Después de aplicar a diferentes vacantes y búsqueda implacable hacia nuevos bríos, llegó por fin una nueva oportunidad laboral, un nuevo puesto de trabajo que permitiría mejores ingresos a la familia y el desarrollo de una prometedora carrera profesional en la contabilidad…
17 de diciembre en los albores del año 2000, mis recuerdos son destellos de regocijo y griterío de felicidad al asistir por primera vez a una posada del nuevo trabajo de papá, se había sacado una bicicleta!!! Y además le dieron una canasta con chocolates finos y deliciosos, lo recuerdo muy bien….
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Enero de 2001.
-Nos tenemos que ir, pero primero se van ustedes, y yo les visito cada mes, así hasta capitalizarnos en un año y yo poder alcanzarles definitivamente.
Esas palabras supusieron el fin de algo, de nuestras amistades en la escuela primaria, de las visitas a la playa, de cambiar la forma hasta como en eso entonces estábamos viviendo. ¿Era un fin muy apresurado inclusive al tiempo proyectado por papá, esperarlo un año? Eso sería una eternidad.
-Debemos regresar a habitar la casa (propia y que había sido dada en alquiler aquí en el poniente de Mérida) o la perderemos.
Al parecer y de acuerdo con el decreto no sé qué (imagínense ni idea teníamos que eso era una Prescripción Adquisitiva) estuvimos a punto de perder la casa que había sido dada en alquiler, sin ningún contrato, por poco más de 5 años y quienes la habitaban la estaban reclamando como suya, de carácter legal, etc…
Lunes 29 de enero de 2001
5:00am
La mañana era fresca y amena, mi tia Anita (hermana mayor de mi papá) junto con el compadre de él (quien amablemente hizo el favor de ir a buscarnos a Cancún) habían manejado toda la madrugada para llegar a tiempo por nosotros, según mi papá, era mejor viajar aprovechando la luz del día, previendo llegar a Mérida al medio día y así poder acomodarnos.
Terminada la talacha de cargar las cosas al camión, (tipo camión de Sabritas, con una sola cabina y espacio detrás) recuerdo que yo había discutido con mi madre porque no quería usar los tenis nuevos que me obsequiaron en navidad, -y a huevo- tuve que ponér melos.
En ese momento, justo antes de partir, mi padre no estaba contemplado en los planes para venir, porque debía irse a su reciente empleo, cuando de pronto, tomó una sola muda de ropa, prevista para su retorno a Cancún ese mismo día, y nos acompañó. Él quería venir (a Mérida) a dejarnos y ver que nos pudiéramos acomodar en nuestro nuevo hogar.
El destino: la casa propia de la que les comenté previamente.
Después de despedirnos de mi tía Lupe (otra hermana mayor que mi papá) nos dirigimos con rumbo a la ciudad natal de mis hermanas y mía, nuestra Mérida (y es que, de volver a nacer, no escogería Londres o París, ni mucho menos Italia, sino Yucatán).
Camino pues hacia Mérida, entre risas y canciones en las que jugábamos con la letra, era una mañana como todas las de enero, con el peculiar colorido de las flores silvestres que tiñen de inmenso amarillo los laterales de la carretera, ahí veníamos, el compadre (quien manejaba el camión) mi tia Anita, mi padre y mi madre, mis 2 hermanas y yo en una cabina de apenas 2 por 1.20mts entre sillas improvisadas para aguantar el viaje, nomás eran unas cuantas horas para llegar.
Recuerdo que nuestra primera parada había sido como en una casa a la orilla de la carretera, para darle mantenimiento al vehículo, mirábamos asombrados a los grandes camiones que, al pasar por los topes de nuestra parada, llevaban cerditos detrás.
Ya encarrillados de nueva cuenta, nos dirigíamos al siguiente poblado, moríamos de hambre. Desde luego que primero sus hijes, mi padre decidió que debíamos bajarnos a comer. Si mal no recuerdo, un señor (encorvado y de edad muy avanzada) se acercó a pedirnos caridad. Mi padre le dio la primera orden de comida que nos fue servida. -Tenga papi, coma-…
Y así fuimos comiendo todos conforme nos despachaban, disfrutando de aquel viaje, sin lugar a dudas, hasta ese momento, había sido una gran aventura!…
Terminado el desayuno, recuerdo muy bien que ese viejito DESAPARECIÓ de la nada!!!!!!!!!!!! (nunca fue resuelto ese misterio).
Al regresar al camión y emprender de nueva cuenta el viaje rumbo a Mérida, la puerta del camión se atascó, quedándose abierta permanentemente, sin embargo, ante la destreza de un experimentado camionero, mi padre decidió ir en el marco de aquella puerta, como guardián y guía de aquel vehículo.
A escasos minutos después, justo entre las poblaciones de Holcá y Libre Unión, todo cambió. Era alrededor del medio día. Un calor sofocante.
Un estruendo aterrador se apoderó del camión. La guía se había roto del eje que tenía el contro del camión, y ante tal velocidad, mi padre salió proyectado en cuestión de segundos hacia la intemperie, y antes de impactar su cráneo contra el asfalto, todos, escucha mos sus últimas palabras: “Eva, cuida a los niños”…
En la siguiente escena que recuerdo me encuentro colgado del camión, yo venía detrás del chofer y gracias a los tenis que no quería usar para viajar, mi pie izquierdo se quedó aferrado a volante, dejando todo mi cuerpo al aire…
Mi madre adolorida y entre sollozos me sacaba de aquel atoramiento, mi hermana mayor, Yamilie, ( de escasos 9 años) quedó muda, y con la vista perdida (estaba en profundo shock), mi hermanita (de 6 años) corrió casi un kilometro sobre la carretera gritando y pidiendo auxilio…
La escena era la siguiente: El camión se volteó 90 grados hacia el lado del copiloto, de donde previamente mi padre había salido proyectado, no obstante, el camión cayó sobre su cuerpo que yacía inerte entre el asfalto y las toneladas de peso en su contra. …
La escena era aberrante, increíble, desgarradora.
En qué momento la vida de mi padre y mi madre, de apenas 33 años ambos, había dado un giro rotundo?
Miles de esfuerzos fueron llevados a cabo para levantar el camión y entre gritos y desesperación, el cuerpo deformado de mi padre nos causaba desolación…
Los minutos pasaban, y el tráfico aumentaba, era imposible pasar ya que la carretera libre se encontraba obstruida en su totalidad, el camión estaba atravesado….
Minutos después… Yo yacía en una sala de espera ante lo increíblemente ILESO que resulté.
No obstante mi hermana estaba en un estado de profundo shock, mi madre muy alterada y mi hermanita con la frente abierta, los cristales del parabrisas se le habían incrustado en la ceja, cerca del globo ocular… Calor, incomodidad, shock, frustración, miedo, ignorancia, enojo…
Mi tía Anita se había quedado en el lugar, ella estaba llena de moretones por todo el cuerpo, mas pigmentada que una remolacha, mientras el compadre anda con la clavícula y por fuera…Haciendo frente al levantamiento del cuerpo de mi padre…
Llegados al hospital Juárez y distantes de nuestros planes originales, la pesadilla para los días venideros apenas comenzaba…
Mi hermanita, quien ya había sido intervenida a un lavado para extraerle las astillas y posteriormente había sido suturada, fue nuevamente intervenida en el hospital, por haberle dejado astillas, en la primera intervención.
Nuevamente yo seguí ahí, inerte, entre el griterío de una niña de 6 años cuya anestesia no le hacía efecto y sentía en carne viva su procedimiento, la imagen de mi hermana en profundo silencio y con la vista perdida, y la bola del tendón que se le había roto a mi madre que tenía en su pierna.
…..
Fui dado de alta inmediatamente.
Luego mi madre y por último mi hermana mayor.
Mi hermanita permaneció poco mas de un mes, para cuidarle lo delicado de su herida, el propósito era evitar infección o afección al ojo, dada la cercanía de la herida.
Mi abuelita y mi abuelito paternos, estaban de viaje en el extranjero, era la primera vez que visitaban a los hermanos de mi abuelita y a mi tia Marlene (la hermana menor de mi papá)
-Mami, te tengo que dar una noticia, hablaron de Mérida para decirme que falleció Martin.
-Y cómo? (mi abuelita creyó que yo había muerto, ya que tengo el mismo nombre que el de mi padre)
-No mami, murió Martín, tu hijo. Expresó mi tia Marlene…
Ya se imaginarán… El camino fue eterno, tan sólo para retornar y darle el último adiós al hombre que engendró y dio vida … Lo recuerdo muy bien, días después, en la casa de la Mercedes Barrera…
CIENTOS Y CIENTOS DE PERSONAS LLEGABAN ANTE EL ASOMBRO, EL DOLOR Y LA INCREDULIDAD!!!
Martín, el fiel amigo, el camarada, el hombre de familia, el idealista, el soñador y el bailador, el hombre con el corazón enorme que siempre estuvo para los demás, yacía en cuerpo al interior de ese predio.
Camiones y camiones de gente que viajó desde Cancún para su sepelio, llegaban como marabunta, por todos lados…
Y es que, uno aunque nunca sabe cuando va a partir, la verdad es que a todos nos tomó de sorpresa, porque la muerte es así, discreta, y parece ser egoísta, solamente se lleva a la gente de bien, y deja a la más jodona en este plano, como fue nuestro caso…
Vivir para aprender O aprender viviendo?
Lo cierto es que, aunque muchas ideas convergen en este momento en mi cabeza, nunca he dejado muerto el recuerdo de aquel GRAN ser humano.
Benditos quienes todavía tienen la dicha de tener a su padre y su madre consigo, pero más aún benditos quienes tienen la fortuna de estrechar buenas relaciones con ellos.
No ha sido fácil para nosotros como familia, pero gracias a mi madre, a mis abuelitos paternos y a nuestras ganas de salir adelante, continuamos en ello.
Hasta donde y hasta cuando nos sea permitido estar aquí y retornar a la fuente de luz y amor infinitos de donde todos emanamos…
  • MARTIN ROMERO
-Estudió Diplomado en Gestión Social y Desarrollo Comunitario en UNAM Universidad Nacional Autónoma de México
Promoción del 2020
-Estudia Maestría en Gestión Estratégica del Capital Humano en UTEL Universidad
Desde el 2020 hasta la fecha
-Estudió Diplomado como Educador Comunitario en Divulgación Dinámica
Promoción del 2016
-Estudió Lingua italiana en Lenguas Cephcis UNAM
Promoción del 2015
-Estudió Diplomado Políticas Públicas y Democracia Moderna en Universidad Valle del Grijalva
Promoción del 2014
-Estudió Diplomado en Humanismo y Liderazgo en Comunidades Indígenas en Konrad-Adenauer-Stiftung
Promoción del 2014
-Estudió Colectivo Experimental de Artes Escénicas (Danza y Teatro) en Universidad Autónoma de Yucatán
(TOMADO DE FACEBOOK CON AUTORIZACIÓN DEL AUTOR)

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