Dr. Fernando Elías Dájer Nahum: Calle de Mérida Llevará su Nombre por Su Generosidad y Trato Humano

En sesión ordinaria celebrada esta tarde, el Cabildo de Mérida aprobó la propuesta de nombrar “Dr. Fernando Elías Dájer Na hum” a la calle 1-H que va de la calle 22 de la colonia México Norte a la calle 8 del fraccionamiento Residencial Colonia México.

Durante su intervención en la inauguración de la muestra cultural Expresión Libanesa, realizada anoche por los festejos por el Día del Emigrante Libanés en el Salón Beirut del Club Libanés de Mérida, el Cónsul Honorario del Líbano en la Península de Yucatán, CP. Ricardo Dájer Nahum, muy emocionado externó su agradecimiento al Ayuntamiento, por tal distinción hacia su hermano.

                    

Fernando Elías Dájer Nahum, médico cirujano, internista y gastroenterólogo. Ganador de los premios AH-Robins, en cinco oca siones como mejor estudiante de Medicina del año, y Cabalán Macari, como mejor alumno de su generación, también recibió el reco nocimiento Cedros, otorgado por el Club Libanés de Mérida.

Nacido en esta ciudad el 25 de mayo de 1944 en el seno del matrimonio formado por los señores Elías Dájer Fadel y Victoria Nahum Sleme, contrajo nupcias el 2 de diciembre de 1978 con Rosa Leticia Achach Dájer, con quien tuvo dos hijos, Fernando Elías y Rosa Leticia.

El doctor Fernando Elías Dájer Nahum nació el 25 de mayo de 1944 en Mérida, siendo el quinto de nueve hijos de una pareja de libaneses.

Estudió con los hermanos Maristas y cuando terminó la preparatoria decidió estudiar Medicina. Cuentan sus condiscípulos de la época que era muy estudioso y preparado. Entre ellos es famosa la anécdota que cuenta que él no quería presentar la asignatura de Anatomía hasta no estar seguro que su calificación sería de 100. Y así lo hizo. Cuando le recordabas esa historia él decía que no era posible ser un médico sin conocer perfectamente todas las partes del cuerpo humano.

Al concluir su carrera en la Facultad, consiguió su residencia en el prestigiado Hospital de Nutrición de Ciudad de México, donde estudió la especialidad de Medicina Interna, Gastroenterología y Endoscopia.

A finales de los años 70 regresó a Mérida y abrió su consultorio en el número 204 del segundo piso en la Clínica de Mérida, donde empezó a dar consultas y hacer las primeras endoscopias y colonoscopias con el endoscopio flexible con cámara, una innovación para esa época.

Rápidamente se ganó la confianza de los pacientes por su don de gente, carisma y en especial por su ojo clínico para dar diagnósticos precisos.

Amor al prójimo

Era una persona muy generosa, realmente amaba al prójimo, incluso le cuestioné por qué cobraba tan barato en comparación con otros médicos y él me respondió: “a la gente hay que ayudarla”.

Él siguió la escuela de los doctores Laviada Arrigunaga: ayudar a los más necesitados. Incluso sus secretarias cuentan que cuando un paciente salía del consultorio él les hablaba por su intercomunicador y les decía que no le cobraran. En otras ocasiones, los pacientes salían con un billete pegado en la receta para que compraran sus medicinas o para hacerse algún estudio; realmente era extraordinario en su vida cotidiana y como médico.

En su consultorio siempre tenía un cuadro de Jesús Médico porque sabía que Dios era quien curaba y el médico era solo su instrumento. En su puerta también había un Popeye para recordarnos que siempre podíamos sacar fuerzas para superar las adversidades.

Tenía un extraordinario trato humano con todos los pacientes que acudían a él porque si notaba a alguien nervioso o con miedo, procuraba calmarlo con bromas; pero cuando atendía situaciones más graves tenía palabras de aliento como “no te aflijas”; siempre expresaba palabras llenas de esperanza, tranquilidad y paz. (BOLETIN DE AYUNTAMIENTO Y ARCHIVOS DEL DIARIO DE YU CATAN)

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